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JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ: DIBUJANTE E ILUSTRADOR.
«JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ. SEMBLANZA»
Textos biográficos: Jesús Herrán Ceballos (editor y escritor).
Notas de guión cinematográfico: Jesús Salviejo Sánchez (escritor).
Trazar la semblanza de un ilustrador es como sentarse ante un espejo e intentar competir con su reflejo porque, a la tenacidad del dato, responde el fluido ejercicio de la vida con su sinuoso perfil de obras y ensoñaciones, tan similar a la proyección de un cinematógrafo, que da comienzo con una pantalla en negro que se abre en iris y, así, tras ese ojo que se abre al mundo mientras se transforma en mirada, acompañado, en sonido, del siseo de un lápiz sobre un papel, aparece un nombre:
José Ramón Sánchez
Una voz en off comienza a relatar:
Nacido en Santander el 4 de octubre de 1936. Caricaturista en sus inicios, cartelista publicitario después, ilustrador más tarde, artista siempre. Su producción plástica resulta inabarcable y su impronta educativa indiscutible, pues durante diez años dos millones de niños de todo el país siguieron sus intervenciones en TVE (Un globo, dos globos, tres globos y Dabadabadá) absorbiendo la información que les transmitía, al mismo tiempo que dibujaba, sobre cine, literatura, pintura, ballet… Fue cuando surgió un cariño con «sus niños» que desde entonces nunca ha perdido.
Una mano que dibuja un rostro de niño se funde con el rostro de un joven de mirada expectante e identificativo bigote con resabios de Groucho Marx. Pero, esa mano que dibuja también es, sin sospecharlo, la mano de un guionista que comienza a escribir su propia historia entre dos ciudades. Aparece en pantalla un nuevo título:
Santander y Madrid
Los planos de las dos ciudades se encadenan mientras la voz en off prosigue la narración y, la pantalla se va a un intenso azul. La imagen del Aprendiz de brujo aparece lentamente ante nuestros ojos:
Con dieciocho años realizó su primera exposición de caricaturas en el Museo Municipal de Pintura de Santander. Dos años después se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar en los Estudios Moro. En 1961 inició su actividad como cartelista y en 1970 como ilustrador de libros infantiles y didácticos. Los carteles para las campañas electorales del Partido Socialista Obrero Español de 1977 y 1979 reforzaron su popularidad, pues su obra, comprometida y colorista, pudo verse por todos los rincones de España. En 1978 obtuvo el Premio Lazarillo al mejor ilustrador español por la colección El aprendiz de brujo, y fue nominado por la misma obra para el Premio Internacional Hans Christian Andersen. Ilustró La Constitución del 78, destinada a los alumnos de E.G.B., por encargo del Ministerio de Educación.
La narración se interrumpe. Suena la banda sonora de Horizontes de grandeza, pero, en lugar del paisaje infinito del far west o el rostro de Gregory Peck, aparecen unos grandes títulos de crédito:
La gran aventura del cine
Esa será una de sus grandes obras, que ve la luz entre 1980 y 1982, siendo expuesta en 1982 y 1983 en el Museo Español de Arte Contemporáneo, y en julio y agosto de 1983 en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santander. Su pasión por el cine volvió a quedar reflejada en la exposición 50 años de cine español (1985) y en dos nuevas publicaciones: La vuelta al cine en sesión continua (1997) y Amores del cine (2000). Esa afición por el séptimo arte había empezado tempranamente, en las sesiones matinales del cine de los Escolapios, y ya nunca le abandonó. Dirigió el cineclub AUN y diagramó y dibujó para las revistas especializadas Cinestudio y Film ideal. Además, realizó varios cortometrajes de animación: Cómo nace una familia y Conoce las señales (1971) que obtuvieron el Premio Especial del Centro Español de Cine para la Infancia y Juventud; El gritoperio (1972) que obtuvo el Pelayo de Oro a la mejor animación en el Certamen Internacional de Gijón; Paco-pum y Juegos (1973); El hombrecillo vestido de gris y Pablito (1974) y el largometraje El desván de la fantasía (1979).
La pantalla va a negro y, lentamente emerge de ella, igual que un fantasma, la figura de un bailarín, girando sobre un escenario desnudo que se va vistiendo con diversos decorados a medida que la voz en off continúa su relato:
De 1989 es su obra Nijinsky y los grandes ballets rusos, que dio lugar a una exposición, que se presentó en el Centro Cultural del Conde Duque en Madrid en la que, además de 180 imágenes se recrearon vestuarios y escenografías de las obras más emblemáticas de la compañía de ballet fundada por Serguéi Diáguilev.
Se hace el silencio. La pantalla funde lentamente a negro. Luego, poco a poco, de la negrura va emergiendo la mano del dibujante que está trazando las primeras líneas del rostro de un anciano enjuto al que le cabe un mundo en los ojos. Regresa la voz en off:
Estuvo un tiempo alejado de la ilustración, a la que regresó en 1993 con su monumental visión de El Quijote, dedicando 80 óleos y casi un millar de dibujos a lápiz para dar imagen a las aventuras del hidalgo manchego y vida a los inmortales personajes de la novela cervantina. En ese momento inició su acercamiento a la técnica del óleo.
La pantalla se oscurece. Entra un sonido de viento y lejanas esquilas que se acercan y que, de manera progresiva, se convierten en un tañido de campanas acompañadas por una brisa tenue que se convierte en el lamento cálido y delgado de una flauta de pastor. Aparece un nuevo título:
Mitos
Prosigue la voz en off:
Fue en ese mismo año de 1993 cuando realizó su primer acercamiento a la ilustración de temas cántabros, con el Retablo infantil de Manuel Llano. Acercamiento que tuvo continuación en 1994 ilustrando la obra de Pollux Hernúñez, editada por Anaya, Monstruos, duendes y seres fantásticos de la mitología cántabra, en una colección que reunía todas las mitologías universales. También de 1997 es su obra religiosa La Biblia contada a todas las gentes.
Cesa el lamento de la flauta que se ve reemplazado por un sonido creciente de olas. En la pantalla, una mar arbolada y su oleaje se adueñan de la mirada y el oído del dibujante que traza, febril, la silueta de un cetáceo… Prosigue la voz en off:
En 2001 puso en marcha la Editorial Valnera, junto con Ángeles de la Gala y Jesús Herrán, con la edición de un proyecto colosal, Moby Dick. En esta editorial, además de la inmortal novela de Melville, ha publicado sus últimas y celebradas obras: El cine de los Escolapios (sus memorias), El taller de los maestros, Los días del retablo, Diez judíos en La Casona, Miradas, Transiciones, Agenda 2008, Cuando el abuelo fue niño (sus memorias contadas a los niños), Años difíciles…
El sonido del mar decrece y la pantalla se va a negro. Después vira a azul y luego a rojo. Se escucha un viento que silba entre los árboles y se funde con un piafar de caballos al galope, cada vez más cercano, que se convierte en furioso encuentro de lanzas y espadas, hasta que es reemplazado por un coro de monjes. Prosigue la voz en off:
En la Editorial Valnera reforzó su compromiso con los temas cántabros escribiendo e ilustrando Gentes de Sotileza, obra basada en la novela de José María de Pereda; poniendo imágenes a los textos de Jesús Herrán para dos libros de gran formato: Cantabria: la epopeya I. Segisama y Cantabria: la epopeya II. Monte Vindio, con más de 250 ilustraciones a color y 56 en blanco y negro para dar vida plástica a la lucha de los cántabros contra la Roma imperial, una epopeya espectacular que, sin duda, quedará como una de las más grandes obras del artista; ilustrando El último sabio. Marcelino Menéndez Pelayo; y el Beato del siglo XXI, una actualización de las visiones de Beato de Liébana, obra que José Ramón considera su cima artística.
La pantalla revienta a blanco que, lentamente, se transforma en un lienzo, aún por comenzar. La voz en off continua:
Tiene ilustrada, pero pendiente de publicación, la Divina Comedia.
Un último título emerge del lienzo:
Premio Nacional de Ilustración
En septiembre de 2014 recibió el Premio Nacional de Ilustración. Fue entonces cuando José María Pérez, Peridis, su alumno más aventajado dejó escrito: «Bendito sea este premio, que, aunque tardío, no deja de ser muy merecido para este educador e ilustrador, inquieto, estoico como un cartujo, que ha pasado la vida sembrando las retinas de los niños de arcoíris de esperanza».
El plano del lienzo queda fijo. Un nuevo título aparece ante nuestros ojos:
Continuará…
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